Familias LGBT: sí, son familias

Paulina Sánchez / 2017-06-23

En México, la figura del matrimonio civil entre personas del mismo sexo está aprobada, de ahí que en el artículo 16 de la Constitución se establezca que se reconoce la igualdad de derechos de las parejas LGBTTTI con o sin hijos (adoptados o biológicos); es decir, poseen los mismo derechos y obligaciones que cualquier pareja heterosexual. No obstante, aunque estas familias diversas están cubiertas en el aspecto legal, no lo están en términos sociales. Esto, en muchos casos, expone a sus miembros a ataques y agresiones causados por prejuicios, ignorancia e intolerancia.

 

Detrás de la actitud de las personas que niegan la existencia o el derecho de existir de las familias LGBT hay un proceso de disociación, es decir, de inaceptabilidad. Argumentando preocupación por los niños, estos grupos generan y promueven bullying, menosprecio y rechazo hacia los hijos de parejas homosexuales y hacia sus padres. Al no reconocer que son una familia, provocan precisamente la discriminación de la que supuestamente los quieren proteger. Por eso resulta indignante que se pregunte a una pareja LGBT si no le preocupa que discriminen a sus hijos. La respuesta no está en que ser una familia LGBT los haga acreedores a una serie de agresiones, sino en no ver que el sufrimiento no se genera dentro de la familia sino en el entorno, y que todos somos responsables de cambiarlo. 

 

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De acuerdo con una encuesta realizada en el 2013, aunque el 50% de la población mexicana acepta el matrimonio entre parejas del mismo sexo, 70% de esta misma población rechaza la adopción en parejas homosexuales. Lo cierto es que la existencia de familias homoparentales va más allá de quien esté de acuerdo con ella o no, pues es una realidad que ha hecho presencia en el país desde hace años. De hecho, aunque no existe aún una cifra precisa que determine cuántas familias viven en hogares homoparentales en México, de los más de 26 millones de familias registradas por el INEGI en el 2010, 229 mil 473 estaban formadas por parejas del mismo sexo y 172 mil de éstas tenían hijos. Por supuesto, este número se ha incrementado desde entonces hasta la actualidad.

 

Por otra parte, se han llevado a cabo diversos estudios en torno al desarrollo físico, emocional e intelectual de los niños criados por padres homosexuales. Todos ellos han concluido que estos pequeños no presentan diferencia alguna cuando se les compara con otros chicos que provienen de familias de padres heterosexuales.

 

Lo anterior nos lleva a recordar que los prejuicios en torno a las familias LGBT son, como cualquier prejuicio, construcciones sociales. Por ello, basar nuestra apreciación de una familia en estereotipos nos aleja de la posibilidad de aprender de la diversidad y promover una sociedad en la que el amor sea considerado verdaderamente como un valor universal y no como algo exclusivo de un sector de la sociedad. Sobre todo, nos impide respetar otros modelos familiares existentes, por ejemplo: abuelos que educan a sus nietos, madres o padres solteros, familias interraciales, familias de religiones mixtas, etc. A final de cuentas, el objetivo de la familia, como dice la ley, “es la protección de la misma como realidad social”.

 

Cómo hablar de homosexualidad con tu familia

Debido al tabú que aún representa el tema de la homosexualidad muchos padres temen que sus hijos les pregunten sobre parejas del mismo sexo o sobre familias homoparentales, pero generar un cambio de actitud ante esto parte de la comunicación en el entorno familiar.

 

Basta con recordar que los niños, en especial los pequeños, no preguntan sobre estos temas con morbo ni con ideas preconcebidas, sino con la curiosidad natural con la que se cuestionan todo lo que sucede en su entorno. Así lo afirman especialistas en sexualidad humana y salud pública, quienes aseguran que para explicar la homosexualidad los padres deben seguir el mismo criterio con el cual explican la educación afectivo-sexual en general: transmitiendo información precisa, verdadera y adaptada a la edad del niño. Así, la verdad no debe asustar a los padres, pues ellos son los primeros que deben promover el respeto y contribuir a crear actitudes positivas que eviten situaciones de discriminación en la sociedad.

 

De manera definitiva, es importante hablar de estos temas en casa y comprender, ante todo, que informar no “convierte” a los hijos ni pone en riesgo la existencia de las familias heterosexuales. Por el contrario, la información abre las puertas a la generación de conciencia, a la educación, a la inclusión y a la aceptación. Conocer y comprender a otros seres humanos con sus realidades y sus maneras de ser y de pensar permite generar relaciones de mayor entendimiento entre los seres humanos.

 

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Recomendaciones de libros para la educación sobre familias diversas:

Mi familia es de otro mundo, escrito por Cecilia Blanco. Esta colección de cuentos, además de relatar la historia de una familia homoparental, narra las vivencias de pequeños criados por sus abuelos e hijos de padres de diferentes nacionalidades, divorciados o solteros.

Mi familia como la tuya, escrito por José Reyna y Alejandro Maza quienes, junto con su hija, Ale, forman una familia homoparental en Monterrey. Su finalidad es lograr un mundo más incluyente y su inspiración para escribir este libro fue el hecho de que la familia sufrió un episodio de discriminación cuando expulsaron a la pequeña del colegio por tener dos padres.

 

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