¿Etiquetar o no etiquetar a la gente?

Paulina Sánchez / 2017-06-22

Como dice la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, “el problema de los estereotipos no es que no sean ciertos, sino que están incompletos”. Reducir a una persona a la cualidad que le imprime su orientación sexual es no contemplar su totalidad como ser humano. Los gays y lesbianas son homosexuales, sí, pero además son hijos, amigos, investigadores, escritores, atletas, médicos, profesores, artistas, ingenieros, empleados, jefes… Poseen, como cualquiera, virtudes y defectos que amplían aún más el abanico de características que definen a unos y a otros; y es que todo lo que somos nos distingue a la vez que nos hace únicos. Pero, todavía en el presente, las etiquetas referentes a la homosexualidad parecen pesar sobre todo.

 

Mucho se ha dicho en torno a la necesidad de eliminar las etiquetas para promover la equidad. De hecho, la misma comunidad LGBT ha adoptado posturas diversas, pues mientras que para muchos palabras como “gay” y “lesbiana” son como reflectores que los vuelven vulnerables a crímenes de odio, discriminación laboral y rechazo por parte de familia y amigos, para otros, utilizar esas mismas etiquetas forma parte del camino que han recorrido para reconocerse y aceptarse

 

Curiosamente, el primer paso para la eliminación de las etiquetas es conocer su simbolismo. Vistas así, son una herramienta para llamar la atención sobre una circunstancia; es decir, en el caso de la comunidad LGBT, invitan al reconocimiento de una parte de lo que alguien es. De esta manera, el objetivo es lograr que las etiquetas dejen de ser usadas como insultos para convertirse en identidades.

 

Comencemos, pues, por generar un cambio hablando del origen de dos etiquetas:

 

Gay

Este término es hoy en día sinónimo de "homosexual" y se utiliza de manera indiferente para hombres homosexuales o lesbianas. Proviene del latín gaudium, que significa “gozo” y que se transformó en gai, un adjetivo utilizado para significar “alegre”. Luego, el término pasó al francés y de ahí se difundió y se asentó en el idioma inglés.

 

En la Inglaterra victoriana la palabra “gay” se aplicaba a los hombres que ejercían la prostitución homosexual, y fue entonces que se empezó a entender como un peyorativo. No obstante, la comunidad LGBT la adoptó como un acrónimo de “Good As You” (bueno como tú) y así fue como perdió su cualidad negativa.

 

Lesbiana

Esta palabra tiene su origen en el gentilicio de la isla de Lesbos, Grecia, donde habitó la poetisa Safo en el siglo V a. C. Los pocos escritos que se conservan de Safo reflejan que su temática principal fueron las mujeres, su belleza, sus relaciones y el amor que profesaba por ellas.

 

El sentido moderno de "lesbiana" referente al amor entre dos mujeres se generó en la literatura francesa del siglo XVI y se sustituía a veces por “sáfica”. Posteriormente, hacia el siglo XX, algunos sexólogos describieron el lesbianismo como un tipo de locura femenina que debía ser curada, y fue entonces que adquirió una connotación negativa. Sin embargo, su uso peyorativo carece de sentido. Basta con recordar que la homosexualidad no es una enfermedad, y que la palabra "lesbiana" se relaciona con la mayor exponente femenina de poesía lírica en la antigua Grecia.

 

Vivir en un mundo libre de etiquetas raciales, de género, de orientación sexual y de creencias es un ideal noble al que deberíamos aspirar. Después de todo, el amor es superior y ajeno a cualquier clasificación, ya que es la más poderosa expresión humana. Es un valor universal y una fuerza enriquecedora, sanadora y transformadora.

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