Eduquemos con respeto

Harmonía / 2016-11-18

¿Alguna vez habías pensado que los niños no nacen, sino que se hacen? Hay algo de razón en que nacen, pues el temperamento proviene de nuestra carga genética y nos predispone a ciertas conductas en determinadas situaciones; sin embargo, el carácter se forma y es ahí donde nosotros tenemos el poder de moldear e inspirar a otros seres humanos, en especial a nuestros hijos.

 

Educar puede desencadenar frustración. A veces sentimos que no podemos más con su actitud (léase berrinche o capricho) y perdemos el control. Cuando sintamos eso, es momento de actuar con respeto y dejar la violencia de lado. Te invitamos a educar de una manera en la que se consideren las emociones de nuestros hijos y se les proporcione calidez y estructura. Eso, al final, será una gran enseñanza para tu pequeñín.

 

Podemos transmitir calidez demostrando que entendemos el nivel de desarrollo del niño, es decir, habrá conceptos y razonamientos que para su edad sean difíciles. Ponle todo con ejemplos muy sencillos, demuéstrale afecto físico y verbal, sé empático con sus sentimientos. La calidez nos puede ayudar a motivarlo para seguir las reglas.

 

Vamos a verlo más sencillamente: la calidez es una forma de respeto. ¿Cómo aprenderíamos mejor, con un maestro que nos señala siempre lo que hacemos mal o con uno que nos muestra nuestros aciertos y nos retroalimenta asertivamente? Por supuesto que nos sentimos mejor para aprender si nos sabemos respetados.

 

La estructura nos ayudará a enseñarle habilidades a corto plazo, y también nos ahorra a nosotros la frustración, haciendo más sencillo que les comuniquemos la disciplina positiva, porque nos enseña a entender que aunque tengamos una jerarquía en el hogar, todos merecen las mismas consideraciones.

 

La estructura contempla que nuestros niños entiendan directrices claras, escuchen de nosotros razones específicas del porqué de nuestras decisiones, que sientan apoyo para alcanzar el éxito, que aprendan a negociar y que ganen la libertad para crear un pensamiento independiente.

 

Los niños copian lo que ven; las palabras importan, pero las acciones aún más. Una buena estructura les dará habilidades para dirigir su vida con respeto hacia ellos mismos y hacia los otros. Por ejemplo, nuestro hijo podrá comprender sus errores y hacer lo posible por enmendarlos; le da herramientas para resolver problemas y arreglar desacuerdos de forma constructiva, no violenta.

 

Te invitamos a que pruebes estas acciones concretas para crear una estructura y practicar la disciplina positiva.

 

- Explícales por qué existen reglas que se deben cumplir.

Discute con ellos las reglas, escucha sus argumentos y, si es posible, negócienlo.

- Sé justo, pero flexible. No confundas la rigidez o frialdad con la firmeza.

- Siempre descarta los arranques de ira. Será imposible que nos deshagamos de ella, pero podemos controlarla; evitemos las amenazas.

- Sé coherente con lo que quieres enseñarles. Trabajemos dentro de nosotros mismos para ser un modelo positivo.

 

Con información de:

Dr. Joan E. Durant. (2008). Manual sobre disciplina positiva. Santiago, Chile: Asociación Chilena pro Naciones Unidas.

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