En un futuro cercano podríamos comer carne de laboratorio

Harmonía / 2017-08-07

El ser humano come carne desde hace por lo menos 1.5 millones de años, aunque no se sabe si en ese entonces el hombre era cazador o carroñero; lo que sí se sabe es que en ese tiempo los humanos ya dependían de que en su dieta participara el consumo de carne. Comer carne nos ayudó a evolucionar en lo que ahora somos; sin la proteína de la carne hubiese sido difícil desarrollar la inteligencia que nos diferencia del resto de las especies. Pero el consumo de la carne implica grandes costos. El 14% de las emisiones de los gases que causan el efecto invernadero corresponden a la ganadería y de acuerdo con el ex jefe del Banco Mundial, Nicholas Stern, un mundo sostenible tendría que ser necesariamente vegetariano: la inversión de recursos para conseguir carne es descomunal en comparación con el consumo de vegetales. Sin embargo, cambiar la dieta del mundo hacia el vegetarianismo tampoco resulta factible, ya que las proteínas vegetales no suelen tener todos los aminoácidos esenciales para el ser humano. Es por eso que se han buscado otras opciones. Una de ellas es cultivar carne de laboratorio. Quizá el año próximo los supermercados, al menos los del primer mundo, puedan ofrecer este tipo de alimento.

 

Esa es la audaz declaración de Hampton Creek, una compañía de alimentos de San Francisco que produce principalmente condimentos veganos. Según información del Wall Street Journal, Hampton Creek ha estado trabajando con células animales cultivadas en el laboratorio para producir productos cárnicos, y el producto podría estar listo en el 2018. El camino no es sencillo, pero Hampton Creek está planteando poder comer carne sin crueldad y a un costo para los recursos de la Tierra mucho más económico.

 

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La idea de las carnes cultivadas en laboratorio se remonta a décadas; de hecho, este proceso es conocido desde el siglo pasado, en la década de los 70. La idea de llevar realmente carne artificial a la mesa resurgió en el 2006 cuando Vladimir Mironov, entonces investigador en la Universidad Médica de Carolina del Sur, propuso construir una máquina, al estilo de las cafeteras, que pudiera fabricar hamburguesas personalizadas y filetes a partir de cultivos celulares. Su proyecto finalmente no vio la luz, pero el proyecto de crear carnes cultivadas en laboratorio sigue siendo atractivo. Mark Post, un fisiólogo de la Universidad de Maastricht en los Países Bajos, dio a conocer la primera hamburguesa de laboratorio en el 2013 en un evento en Londres. Producir esta hamburguesa costó 325 mil dólares. Según los catadores, esta carne artificial era mucho más suave que la carne real. Desde entonces Post ha formado una compañía, Mosa Meat, para afilar la tecnología necesaria y reducir el gasto. Otros grupos, como Memphis Meats, persiguen una meta similar.

 

Los desafíos que se enfrentan son diversos. La preocupación más importante en este momento es la escala: aunque se ha demostrado que es posible cultivar una hamburguesa en el laboratorio, ello no significa que se pueden producir en serie, porque se necesitan cantidades masivas de tejidos cultivados para producir una sola porción, lo que significa que tanto el espacio físico como los requerimientos de costos superan con creces los retornos de la producción de carne en un laboratorio, al menos en este momento. La carne artificial también requiere un escalón para crecer, una estructura para que de verdad resulte comestible y sea aceptada por los consumidores. A lo mejor, un día podremos ir al supermercado y elegir entre carne real y carne de laboratorio; entonces, a través de nuestra moralidad, gusto y bolsillo, tendremos que escoger alguna de las dos. ¿Estarías dispuesto a comer carne de laboratorio? ¿Por qué sí y por qué no?

 

Con información de Discover Magazine

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